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Pero en algún momento, tratando de convencerse, o descubriendo con alborozo esa sensación extraordinaria que da la certeza, el trashumante detiene su marcha para escribir sobre un papel ajado ....
Mañana seguramente esto será una anécdota.
Mañana, seguramente tu abrazo
Será más fuerte que de costumbre
Y se me llenará de luz el alma.
Todavía ayer, pensaba que el mundo
era ancho y enorme.
Aún ayer, en las agobiantes tardes de verano;
en las mustias mañanas del otoño;
o en las intensas noches del severo invierno,
una voz me decía.... anda...viaja,
arranca de una vez....
Hasta ayer, no comprendía
Que el mundo cabía en tu mirada,
en nuestra complicidad que extraño.
Mañana, seguramente,
El brillo de tus ojos, me hará olvidar...
Estos momentos infames...
Porque el caminante se encuentra en el camino, con tantos que desandan el mismo sendero,
que por un momento el sonoro grito de su tal vez ultimo estertor, se opaca o se consume en otros gritos, que tampoco se escuchan pero a la larga conmueven, entonces... no morirá ese día.... porque de hecho, alguien lo necesita.
“Hacia allá van mis piedras”
había dicho el poeta del eterno
entusiasmo,
y se agrando mi pobre y larga
espera;
la brecha sinuosa
de la esperanza.
¡Que diferentes los soles
de mediosdías bulliciosos,
incendiando confianzas recién
manifiestas!
Alargare mi paso seguro
hasta tocarte
e iniciar el milagro
el desempeño.
Para este saciarse de ilusiones
no hay espacio puntual
no hay astrolabio.
El camino es una grada
y me lleva, me eleva;
me retorna.
Las dudas no caben
en mi andar fogoso.
¿Por qué no he de llegar
al ras del tiempo?
Si ayer es un adverbio
mentiroso.
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